dissabte, 15 de març del 2014

EMPEZAR


Al escribir en este espacio tengo la misma sensación que sentía cuando, de niño, empezaba una nueva libreta. Inmaculada. Totalmente en blanco. Siempre me hacía el firme propósito de ir llenándola procurando no emborronarla, cuidando la caligrafía, limando los márgenes y que, en ella, no apareciesen aquellos típicos tachones provocados por la tinta de unos bolígrafos "bic" demasiado frágiles para el acoso de nuestros dientes. Al cabo de unas semanas, el propósito se había quedado en eso. A lo sumo llegaba hasta la mitad de la libreta. No recuerdo haber superado ese límite y, lo que es peor, las páginas aparecían llenas de líneas que ni respetaban la horizontalidad, ni las barreras que imponían los márgenes. Tal vez por eso, nunca me dieron una medalla a la pulcritud en el Instituto y yo, presa de una incipiente frustración infantil, acostumbraba a sustituirlas por las manchas azules -en la adolescencia me cambié al negro- que, quisiera o no, adornaban invariablemente mis cuadernos. Ahora me encuentro igual. O casi. He ganado en limpieza, eso si. Los márgenes, por la magia del software, aparecen definidos y, aunque lo desee, no podría romperlos. También las líneas aparecen horizontales y sin borrones. Hay una coherencia estética y, las reglas de las formas, están claras. Pero ¿y el fondo?. La pregunta que me hago es si esta libreta llegará a su fin. Ahí si que no me he movido un ápice pero, a diferencia de lo que me sucedía cuando niño o adulto, puedo justificar la obra inacabada en la falta de tiempo y el mucho trabajo. Antes solo cabía atribuirlo a la pereza y a la falta de imaginación, ambos imperdonables en edades tempranas. Y no me he olvidado del "propósito". La meta está en trescientos sesenta y cinco días. Un año. Cuatro estaciones que conforman todo un ciclo. Si no llego al final, siempre me quedará el consuelo que, al menos la libreta no estará manchada.

José Ángel Mañoso


1 comentari:

  1. Te entiendo y me he sentido identificada con esa puesta en escena Yo también tenía el mismo propósito de niña, el de conservar esa libreta que empezaba, sin tropiezos ni tachaduras, momento mágico del inicio hacía una nueva aventura.

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